Querido mío

Querido mío,

Te escribo esta carta desde mi prisión. El juez me ha condenado a vivir este cruel castigo y aún duelen las heridas que el verdugo me ha he ha hecho. Una máscara cubría mi rostro cuando iba a comprar, cuando llevaba a nuestro hijo al colegio, cuando iba a trabajar. Una frágil máscara que se rompe cada vez que él entra en casa.

Me lo han robado todo. La libertad que tú decías que jamás me quitarías, la casa donde pasaríamos nuestros perfectos días de casados, la familia que tanto me ha querido, las amigas que siempre he tenido… Todo me lo ha quitado él. Nunca pensé que mi vida sería así, un infierno. Aunque a veces me paro y pienso que quizá, estando muerta en el infierno, sufriría menos que viva. Y es que no puedo hacer nada sin que mi marido… Sin que tú, amor mío, me des permiso.

Quiero pensar que un día ya no volverás a levantarme la mano. Que un día no volverás a gritarme, escupiéndome insultos llenos de ira y alcohol, que resuenan dentro de mi alma cada vez que cierro los ojos. Aún espero que recuerdes que, hace un mes, fue nuestro aniversario. Nuestro hijo se acordó y me hizo un regalo en el colegio. Un billete con destino al paraíso. Era un billete con una palmera de colores muy bonita. Es el regalo más hermoso que he recibido desde que mi marido… Desde que tú, cariño mío, te convertiste en un monstruo. En el reverso del billete se podía leer “Viaje a casa de la yaya para la mama y para mí”. No lo pensé dos veces e hice las maletas. Me di toda la prisa que mi maltratado cuerpo me dejó, llamé un taxi y en él metí las maletas.

Y entonces un grito hizo que me girase horrorizada. Lo recordaré toda mi miserable vida. Eras tú. Venías corriendo desde la esquina de la calle. Sin tiempo y a empujones, mandé al taxista que no parase hasta llegar a la ciudad vecina… Y me quedé. Me quedé para frenarte, mientras nuestro hijo sí gastaba el billete al paraíso.

Me llevaste dentro de casa a tirones de pelo mientras los vecinos miraban en silencio desde detrás de sus cortinas. Me empujaste dentro y desahogaste toda tu rabia contra mí, haciendo que cada insulto que vomitabas, cada puñetazo que dabas, dejasen una huella imborrable en el fondo de mi corazón. Un corazón que, si aún late, es porque algún día, dentro de unas semanas, dentro de unos meses o quizá dentro de unos años, si tengo suerte, gastaré mi billete hacia el paraíso.

25 de noviembre de 2008

Escrito ganador del primer premio en el concurso “Carta a qui maltracta” organizado a través de la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Badia del Vallés.

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